YOU HAVE SEEN MY FACE BEFORE NO ME LLAMES DIVA, LLÁMAME JONES

Texto: Lucía Amanda · Fotos: Ron Galella/Wireimage/Getty Images.

Odio la palabra “diva” porque está muy gastada. Prefiero que me llamen otra cosa. Prefiero que me llamen Jones”.

Bajo esa piel oscura, y tras esa desafiante mirada, siempre resaltada con un llamativo maquillaje, se oculta lo que verdaderamente convirtió a Grace Jones en una leyenda; su personalidad. Porque más allá de esa apariencia única, que sólo una verdadera artista podría haber creado, se esconde una actitud que hizo posible que Grace conquistara los escenarios, las pantallas y los lienzos de los artistas más importantes. Grace Jones siempre ha dicho y ha hecho lo que ha querido, sin miedo a ser juzgada, sino no sería Grace Jones.

Esa androginia de su físico, que no encajó en los Estados Unidos de América, logró conquistar a toda Europa, y posteriormente el mundo entero. Protagonizando las portadas de las mejores publicaciones de moda, taquilleras películas y obras de artistas tan emblemáticos como Andy Warhol, quien la retrató a mediados de los 80, o el mítico Jean-Paul Goude en cuya musa se convirtió, y con quien tuvo a su único hijo.

Los personajes que encarnó en el cine, como Strangé (“Boomerang”, 1992), reafirmaban que ella era desafío, sensualidad y carácter. Y lo sigue siendo. A punto de cumplir los 70 años, todavía no ha nacido la persona que pueda igualar a la gran Grace Beverly Jones. Ella lo sabe. Todos lo sabemos.

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