NUEVA YORK, MÁS CERCA. MI ESCAPADA INOLVIDABLE A LA CIUDAD DE LOS RASCACIELOS.

Texto: Kristina Kevich · Destino sugerido por www.iberia.com.

Suena el despertador. Por primera vez en mucho tiempo siento felicidad y energía al apagarlo. Hoy me espera un gran viaje a la ciudad que robó mi corazón desde el momento que puse el pie en su tierra y alcé los ojos contemplando su grandiosidad: Nueva York.

Mi vuelo sale en cuatro horas. Lo único que me separa de mi amada ciudad de los rascacielos es el océano y unas ocho horas en el cielo. Una maleta llena para lucirme, otra vacía para rellenar. Llego a Adolfo Suárez Madrid-Barajas tarde, como siempre. Voy corriendo al mostrador de Iberia para facturar. Parece que he llegado a tiempo, pero una gran fila de pasajeros me separa de estar cada vez más cerca de mis días de relax. Puedo escuchar por la megafonía que los pasajeros de Turista Premium tienen preferencia para facturar. Más relajada, me acerco para facturar mis dos maletas, otra de las ventajas ofrecidas con esta tarifa. Todo una alegría para una compradora nata como yo.

 

Tras una pequeña vuelta por Duty Free y comprarme una nueva fragancia, me hallo en uno de los asientos camino a New York, New York (como en la canción de Frank). En Turista Premium tienes más espacio para estirar las piernas, los asientos son más anchos y se reclinan mucho más. Me ofrecen una bebida de bienvenida, me relajo y a disfrutar del vuelo. Ocho horas no son pocas horas. La siesta me ha sentado bien. Están a punto de traer el almuerzo, mientras tanto aprovecho para ver el un capítulo de mi serie favorita en mi súper pantalla HD. La comida estaba deliciosa, no soy muy amante de comer en los aviones, pero esta vez ha sido diferente. Era difícil hasta elegir, pero al final me decanté por la hamburguesa de ternera al Pedro Ximénez. 

Mando unos cuantos mails, el wifi me ha salvado. Entre correo y correo vuelven a ofrecer más comida. Este vuelo se me está haciendo hasta corto, y pensar que sólo he pagado un poco más que un billete turista normal. Iberia me ha hecho sentir que Nueva York está aún más cerca.

 The William Vale Lobby.

The William Vale Lobby.

Aterrizo en mi querida ciudad descansada, relajada y feliz. El taxi me lleva por sus grandiosas calles. Mi coche se para en el centro de Brooklyn, enfrente The William Vale (111 N 12th St, Brooklyn); mi casa para los próximos días. Sólo con entrar al hall siento y respiro Nueva York. 

 ELEVEN MADISON PARK (11 MADISON AVENUE).

ELEVEN MADISON PARK (11 MADISON AVENUE).

Esta noche tengo cena con grandes amigos en Eleven Madison Park (11 Madison Avenue). Necesito su tartar de aguacate, mi cuerpo me lo lleva pidiendo meses. Me recogen en el hotel. Veo como van desapareciendo las luces de las calles, mientras el aire alborota mi pelo, soy como una chica Bond que está a punto de vivir una emocionante aventura.

La velada fue inolvidable, y termino mi primer día tomando un cocktail en el rooftop del hotel con una vistas que superan mis sueños de esta noche.

 El brunch en el colonie (127 ATLANTIC AVENUE),

El brunch en el colonie (127 ATLANTIC AVENUE),

Hoy me espera una jornada intensa de exposiciones y compras. Cojo fuerzas con el brunch de Colonie (127 Atlantic Avenue), y me dispongo a visitar el MET (The Metropolitan Museum of Art). Temía no llegar a tiempo para ver las fotografías de Irving Penn que están expuestas en el museo desde abril.

Confieso que diseñé mi ruta de tiendas semanas antes de venir. El shopping en Nueva York, se ha convertido en una tradición irremplazable para mi. Cuatro horas después y mil bolsas más, llego agotada al hotel, me relajo en su interminable piscina y despido un día lleno de emoción y caprichos.

 The MET (The Metropolitan Museum of Art).

The MET (The Metropolitan Museum of Art).

 el Central Park, el pulmón de Nueva York.

el Central Park, el pulmón de Nueva York.

Si tengo que elegir mi lugar favorito de la gran manzana, ese es sin duda el Central Park, el pulmón de Nueva York. Su atmósfera me enamora. Se respira la felicidad y la despreocupación de las parejas tumbadas en su verde césped como si fuese una alfombra persa, de los inocentes niños corriendo tras las palomas o del amor de esos ancianos sentados en el banco y mirándose como el primer día. Un escondite del ajetreado y el agotador movimiento metropolitano. Otro mundo.

Es lunes y mi pequeña escapada llega a su fin. Un viaje repleto de grandes memorias, muchas risas y algo de ropa nueva. El avión aún no ha despegado, pero yo ya siento nostalgia por este lugar. Afortunadamente con Turista Premium me espera un vuelo confortable y entretenido. La azafata de Iberia me ofrece un zumo de naranja, me sonríe, reclino mi asiento y cierro los ojos para soñar con mi próximo viaje. Quizás Chicago, o puede que Miami o Boston, aunque tal vez por fin me anime a visitar Latinoamérica, yendo a Bogotá o México. Los sitios camino a los cuales puedo disfrutar de un vuelo mucho más cómodo gracias a la nueva clase de Iberia.