FINCA VIGÍA. MUSEO ERNEST HEMINGWAY.

Texto: Oliver Web · Fotos: Susana Fontanals.

Le enamoró San Francisco de Paula, a quince kilómetros de La Habana, le conquistó su clima y le apasionó su calidad de vida. Allí, entre palmas reales, mangos y aves se levanta hoy el Museo Ernest Hemingway, una casa que fue, no hace mucho, su guarida, su inspiración y su hogar: Finca Vigía. En la propiedad, de casi cuatro hectáreas, crece una abundante vegetación donde conviven especies de flora y fauna tropical en perfecta armonía, convirtiendo el lugar en una pequeña reserva ecológica. Una casa museo que inspira, que recuerda, y que traslada. A través de sus inmensas ventanas podemos ver su máquina de escribir Corona, aquella que convirtió su fantasía en realidad, y con la que, probablemente, cobraron vida los protagonistas de su obra más famosa y galardonada, “El viejo y el mar”.

Una residencia que era frecuentada por grandes glorias del cine, la literatura, el arte y el deporte como Katharine Hepburn, Ava Gardner, Gary Cooper, Jean-Paul Sarte o Rocky Marciano. Su interior recrea fielmente la rutina de uno de los escritores más brillantes del siglo XX. De hecho, esa naturalidad es lo que más se remarca en la casa. Podemos encontrar sus trofeos de caza, más de 9.000 libros o sus trajes de su época de reportero de guerra. Su luz literaria se apagaba en 1961 pero nos dejaba algunas de las mejores historias sobre el papel… y es que si no es por él, ¿por quién doblan las campanas?