GUILLERMO SOLANA. “LOS MUSEOS HAN DE IR MÁS ALLÁ DE CUIDAR TESOROS”

Texto: Noelia Jiménez para Amante Magazine · Fotos: www.museothyssen.org.

Nacer en el año de la Exposición Universal pudo marcar que se convirtiera en todo un universo expositivo. Nacer en un año histórico y hacer historia, año tras año. Nacer en el 92 e ir mucho más allá de Curro, de Cobi. Nacer en Madrid tras gestarse en Lugano y trascender fronteras. Que el arte no las tiene y el Thyssen, tampoco.Que si el año 92 supuso un hito en la historia de España, el Thyssen fue entonces y es hoy, un cuarto de siglo después, presente de la historia del arte. Y futuro. Sobre todo futuro. 

Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, habla de la pinacoteca —si es que este nombre no se le queda pequeño al gigante artístico— como podría hablar de su propio hijo. Que, no en vano, lo es. Al menos un poco. Y cuenta cómo se alumbró en Madrid desde aquel útero primigenio de Lugano: «El Thyssen estaba en gran parte hecho en Suiza, aunque es cierto que allí solo había una muy pequeña parte del museo, con cuadros antiguos, ya que toda la pintura moderna de la colección del barón Thyssen estaba en su residencia. Podría decirse que el Thyssen de Lugano era una bombonera del arte, no el museo de masas en el que se convirtió cuando llegó a Madrid. Si en Lugano había que llegar cruzando un lago aquí el arte late en el corazón de la ciudad y lo han disfrutado un millón de visitantes».

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Así, el Thyssen llegó a Madrid para hacerse mayor, especialmente con su ampliación en 2004, «cuando creció con una importante colección de arte pop y de los primitivos italianos —explica Solana—, y cuando se suma en depósito la colección de la baronesa Carmen Thyssen». Y, aunque veinticinco años no es nada, «es como si el Thyssen hubiera estado aquí toda la vida, en el Triángulo del Arte. Como si ya no pudiera concebirse Madrid sin él. Lo piensas y no lo puedes creer», asegura su director. 

Sevilla con la Expo, Barcelona con los Juegos Olímpicos y Madrid con el Thyssen. Es curioso cómo la institución llega a España en uno de los años clave de su historia reciente.

Efectivamente, 1992 es el año culminante de la década de Felipe González, diez años de intensa modernización que ahora, en la distancia, se recuerdan con cierta nostalgia desde el punto de vista cultural, porque entonces se tenía la noción social de que la cultura era un factor de modernización. En el 92 la sociedad española quería que fuéramos plenamente europeos y alcanzásemos los niveles culturales de nuestros vecinos, pero ahora se ha perdido esa noción de la cultura como factor de modernización y parece que, por el contrario, es un lujo. 

La crisis ha tenido un fuerte impacto en nuestra cultura, porque se ha deteriorado el optimismo que imbuía la cultura de la Transición, que hacía que confiásemos en España como un país que podía ser moderno, rico y cohesionado. 

Han sido muchas las muestras que han pasado por las salas del Thyssen en estos veinticinco años, pero, si hubiera de elegir las que más le han marcado sentimentalmente, ¿cuáles citaría?

Tengo especial cariño a las exposiciones que han supuesto récord de visitantes: la de Hopper y la de Antonio López. Y es curioso que son polos opuestos: Edward Hopper, un clásico americano ya fallecido; Antonio López, un artista español vivo. Ambos con dos conceptos artísticos completamente distintos, que han atraído al mayor número de visitantes diarios del Thyssen. Para mí estas retrospectivas son un claro ejemplo de la capacidad de sorprender, de la potencia del Thyssen para ir más allá de lo que se podía esperar de nosotros como organizadores.

Joyería, moda… ¿Podría decirse que el Thyssen apuesta por el arte más allá del arte?

Reducir el arte a la pintura es un anacronismo. En la actualidad nuestra cultura visual es amplia y trasciende la pintura para llegar, por supuesto, a la fotografía, pero también al cine, a la moda o a cualquier otro tipo de elementos creativos y corporativos, como la publicidad o los videojuegos. Por eso los museos han de ir más allá de cuidar tesoros y tienen el reto de ampliar la cultura visual de la sociedad. Eso es lo que también nos ha impulsado a estar muy presentes en las redes sociales y llevar a cabo una intensa política de difusión con instagrammers o convocar un concurso de gifs.

O a ser pioneros en la apuesta por las nuevas tecnologías, como el Second Canvas Thyssen para descubrir en HD detalles que habitualmente pasan inadvertidos en las obras de arte. 

El Prado aplicó antes esta tecnología, lo que para nosotros suponía toda una garantía. Así, gracias a esta aplicación gratuita las obras del Thyssen pueden disfrutarse mucho más allá de lo que percibe el ojo desnudo en la sala. Sin duda, la experiencia física de encontrarse ante la obra de arte es insustituible, pero es cierto que gracias, por ejemplo, a la macrofotografía o a la reflectografía infrarroja, incluso un experto puede descubrir detalles que no conocía. Esta es solo una de las apuestas que hemos podido desarrollar gracias al patrocinio de la Fundación BBVA y quiero citarlo porque es esencial la colaboración de entidades para poder trabajar más intensamente y lograr hitos como, por ejemplo, ser uno de los primeros museos en colgar toda la colección en la web. De este modo conseguimos una audiencia virtual ilimitada, que nos sorprende especialmente en Latinoamérica.

Y después de los primeros veinticinco años, ¿qué le espera al Thyssen?

Crecer es difícil, porque el espacio que tenemos alrededor es caro y está ocupado. Por eso nuestro reto pasa por refinar el desarrollo de exposiciones y renovar la presentación de la obra. Trataremos de sorprender especialmente con motivo de nuestro 25º aniversario: así, en 2017 contaremos con una selección de obras del Museo de Bellas Artes de Budapest; una muestra homenaje a Moneo, arquitecto autor de la renovación del Palacio de Villahermosa en que nos encontramos; una exposición con pintura veneciana del Cinquecento; traeremos obra de Sonia Delaunay, una de las grandes vanguardistas; disfrutaremos de una exposición conjunta de Picasso y Toulouse-Lautrec y ampliaremos notablemente la propuesta de Educathyssen, ya que activaremos educativamente toda la colección, con diferentes intervenciones, performances y aplicaciones. Queremos fomentar la idea del museo como escuela, porque para nosotros es fundamental que los más pequeños crezcan de la mano del arte. Y a todo ello, por supuesto, se sumarán conferencias, conciertos, cine y la completa agenda de eventos que habitualmente desarrollamos en el Thyssen. Además, el Thyssen saldrá por primera vez de Madrid, pues habrá una exposición de la colección en CaixaForum Barcelona.