TOMÁS ALÍA. SOMOS LOS MAGOS DE LA VIDA DE LA GENTE

Texto: Noelia Jiménez. Fotos portada: Carlos Torreblanca.

Al poner su nombre en Google me encuentro con 469.000 resultados. En el quinto, definido con una de las palabras que más odia: decorador. “No soy decorador. Soy arquitecto diseñador. El término decoración para mí se asocia al hecho de ornamentar o embellecer, pero nuestro trabajo va mucho más allá: parte de la arquitectura para terminar en el diseño”. Tomás Alía dixit. Y que conste que lo dice sonriendo. Con ese charme propio de quien conoce mundo porque lleva el mundo dentro. Elegante, exquisito incluso. Camisa blanca impoluta. Como si la hubieran planchado con él dentro. Americana. Pañuelo. O bufanda. O una mezcla de ambos. Gemelos, que hoy no son Montblanc pero suelen serlo. Y la sonrisa, claro. Pasaría por un gentleman british, o por un parisino sacado de contexto, si no fuera porque es de Lagartera. Y eso marca. Y a Tomás, más.

Tomás Alía in Loft Amante, Madrid. © Carlos Torreblanca.

Soy el pequeño de cuatro hermanos y el único que nació allí. Lagartera es un reducto judío único en España, donde las casas son como un embrión, estructuradas en torno al patio, a partir del cual giran todas las estancias: un portal con piezas de cerámica, una estancia con pintura religiosa… Todo muy abigarrado y con un porqué, con un barroquismo que busca la armonía cromática y geométrica para responder a una estética. Al comprar mi casa en Tánger me di cuenta de los puntos en común que tenían dos lugares en principio tan opuestos. Cuando los judíos se vieron obligados a salir de España llevaron nuestra tradición al norte de Marruecos: las joyas de la judía rifeña, con las águilas bicéfalas y las esmeraldas, son como las de las lagarteranas. Y también son idénticas ambas formas de colocar los espejos, con el mismo ángulo de inclinación y similares remates.

Lo cuenta y al mismo tiempo lo describe con las manos, como si en cada giro de sus dedos estuviera acariciando las águilas bicéfalas que coronan los espejos. Como si viera los colores. Las mantas sobre las camas. Los doseles. El barroco puro, tan alejado, en cambio, del primer Tomás Alía.

Yo había mamado la estética lagarterana porque mi madre se dedica a defender la tradición de los bordados, los pasea por exposiciones en todo el mundo y hace de su casa una plataforma viva por la que pasan personas muy diferentes. Esto me influye mucho por oposición: cuando empiezo a estudiar investigo en formas de vida y situaciones estéticas diferentes a las que habían marcado mi infancia y por eso mis primeros pinitos eran locales arriesgados, pop, con una estética completamente contraria a la del entorno en el que me había criado.

 Hotel Baobab. Canarias.

Hotel Baobab. Canarias.

Dicen que el primer trabajo nunca se olvida. ¿Cuál fue el debut de Tomás Alía? 
Unos apartamentos de lujo en el edificio Villamagna, cerca de la Ciudad Universitaria de Madrid. Después empecé a hacer locales públicos de noche y el momento fuerte llegó con el Larios Café y su Premio Nacional de Arquitectura Interior (2000), un proyecto muy reconocido a nivel internacional que supuso un antes y un después para mí. A partir de entonces empecé a presentar proyectos para concursos internacionales y en los últimos años esos proyectos me han llevado al mundo árabe, con el palacio del emir de Catar y el estadio olímpico de Qatar Foundation, que ya está en cimientos. Ahora me interesa mucho el diseño de nuevas ciudades, el masterplan urbanístico. De hecho, estoy realizando ahora un planteamiento de ciudad con conciencia eco y máximo respeto al mar, a la tierra y a la energía natural, y también he presentado un proyecto ante el consejo de Meca para levantar la nueva ciudad proyectada entre Yeda y Meca, los centros urbanísticos más importantes de Arabia Saudí, por donde va a pasar el AVE español.

Perdón, ¿se te resiste algo? 
Digamos que actualmente hay dos versiones Tomás Alía: el arquitecto de vivienda de lujo (que es un mercado fabuloso: se vende mejor un piso de 4 millones de euros que uno de 300.000) y de obra pública, fundamentalmente cadenas hoteleras especializadas en el hotel boutique de lujo, y un nuevo Tomás Alía que surge de la diversificación: estoy lanzando una colección para la firma Baltus, que se llamará by Tomás Alía, y que ofrecerá desde mobiliario de oficina hasta mobiliario privado de dormitorio, salones, etc. Y, por otro lado, estoy testando una marca más low cost. Me gusta democratizar el diseño: Ikea o Zara Home son fenómenos interesantes para que todo el mundo pueda tener una pieza potente y quiero profundizar en este fenómeno y ofrecer una posibilidad para que todo el mundo tenga diseño y confort.

Me habla de turismo, de clientes extranjeros… ¿En España nos cuesta rendirnos al diseño? 
Es que en España no hay cultura del diseño: yo siempre digo que hemos pasado de la mesa camilla a Ikea y lo que quiero decir es que no ha habido evolución en el tiempo. Hoy la gente está más concienciada, le gusta vivir bien, pero no tenemos el bagaje en cuanto a diseño que puede tener un sajón o un francés.

Y eso que somos líderes en porcelánico, en el trabajo de la madera… 
Sí, y en artesanía, elaboración… Pero nos falta conciencia y educación en cuanto a diseño. La gente acude al médico cuando le duele algo o al abogado si tiene un problema legal, pero no se le ocurre acudir a un diseñador para hacer su casa, porque piensa que el diseñador es un elemento añadido. Y la realidad es otra: nosotros convertimos en realidad los sueños y hacemos la vida más confortable. Somos los magos de la vida de la gente.

¿En qué se fija Tomás Alía nada más entrar en una casa? 
Me fijo en la luz: el espacio es el dominante pero la luz es mi debilidad, porque supone el 80% del espacio, lo rompe o lo enfatiza.

Y, teniendo tanta luz como tenemos en España, qué poco se construye dejándola entrar en los espacios… 
Creo que arrastramos la conciencia árabe de vivir de puertas para adentro, sin grandes espacios en los que se pueda vivir la luz natural y fundir interior con exterior, que para mí es lo correcto. 

Aliatar. Granada.

¿Qué piezas dan carácter a una vivienda? 
Las referencias de quien la habita. En la casa de un coleccionista habrá muchas obras de arte; en la casa de un médico, muchos libros… Las casas minimalistas son irreales, porque el hombre es un ser de referencias: necesita dejar las llaves al entrar en casa, colgar sus camisas en perchas, sentir el tacto de los textiles… La nada no existe en el individuo. Las casas te cuentan mucho más del individuo de lo que la gente cree.

Y, en cambio, a Tomás Alía no le gusta su casa. 
¡No! Es cierto, no me gusta mucho mi casa. Es simpática conceptualmente, porque se trata de una casa del siglo XIX, que fue de la familia Madrazo, en pleno Barrio de las Letras en Madrid. Me divierte que tiene las salas seguidas, con una perspectiva central desde donde vas viendo las estancias… pero yo tengo otro concepto, que obviamente no se puede aplicar en este tipo de edificio. No es la casa de mis sueños, pero estoy cómodo, porque tengo el estudio al lado… ¡Cuando tenga dinero compraré una casa!

¿Cuál es el proyecto que más sueño te ha quitado?
El último siempre es el proyecto que más te cuesta. En general, podría decir que los trabajos que he emprendido en el mundo árabe han sido complicados porque requieren dos años de proyecto, no de ejecución. Por ejemplo, en el palacio del emir de Catar estuvimos año y medio corrigiendo y ahora, en el proyecto del estadio de Qatar Foundation, que llevamos a cabo con los españoles RFA Arquitectos, hemos estado también mucho tiempo examinando zona por zona del espacio, tanto con la fundación como con la FIFA. ¿Qué significa esto? Que desde que proyectas hasta que se ve tu obra pasan muchos años y eso te obliga a estar en lo más rabioso y contemporáneo: sostenibilidad, materiales, acabados… 

Te obliga a inventar el futuro.
Exacto. Esa es la movida. Y pasa algo parecido con los masterplan: imaginar una ciudad que se va a crear de nueva planta también es bastante complejo. Pero motiva, porque en la obra pública te expresas como eres, todo lo que piensas lo sueltas. En cambio, la vivienda está más condicionada al cliente, a la personalidad del dueño que la habita.

¿Qué ciudades te inspiran para crear ciudades nuevas? 
Me inspira mucho lo que es culturalmente emergente: Marruecos, India, México… lugares donde hay energía, donde se cuentan cosas. Son ciudades caóticas, muy alejadas del concepto que yo proyecto, pero me inspiran muchísimo, sobre todo por su gente. Las tribus urbanas son muy inspiradoras para los que vamos de hunter por el mundo.

Room Mate Aitana. Ámsterdam.

Para alguien que lo ha hecho casi todo, ¿queda algún sueño por cumplir? Ahora mismo, ejecutar esa ciudad árabe que he planteado. Intervenir en un espacio considerable, teniendo en cuenta las necesidades de la ciudad, cómo conviven diferentes culturas en armonía, supone para mí un reto muy bonito. Me interesa que la gente pueda convivir bien.

Pues que así sea. 
O, como dicen ellos, inshallah.