LUCAS VIDAL EL MÚSICO ESPAÑOL QUE TRIUNFA EN HOLLYWOOD

Texto: María Estrada · Fotos: www.mumoproductions.com.

Sucede que a veces tenemos que exportar valor humano al extranjero para darnos cuenta de que en España también nacen genios. Lucas Vidal (Madrid, 1984) es una de esas precoces rarezas que salieron de nuestro país persiguiendo un sueño, y ahora vuelven cargados de reconocimientos, logros y Goyas. Ese sueño era la música, y la ventana que le abrió todas las puertas, Berklee, la prestigiosa escuela de música de Boston. Hoy divide sus días entre Los Ángeles y Madrid. En Los Ángeles se esconde en su estudio rojo de Venice, y en Madrid, cuando se asoma, disfruta con sus amigos de la ciudad que le vio nacer. 

A sus 32 años Lucas es ya una institución dentro y fuera de nuestras fronteras gracias a la música que compone para trailers, películas y otros ámbitos musicales. ¿Su receta para el éxito? Un poquito de talento y mucho, mucho, mucho trabajo. 

Quedo con él en su estudio de Los Ángeles, en el que se respira mucha música y buen rollo. Mientras caminamos hacia el Lemonade por la calle Abbot Kinney, Lucas me cuenta que esta calle ha sido declarada la más cool del momento. Paseando por ella veo que el título es merecido, y también veo que Lucas se mueve por ella como pez en el agua.

¿Cómo acaba un músico en la industria de cine?, ¿Fue algo casual o intencionado?

Nunca se sabe cuánto hay de casual y cuánto de intencionado... En mi caso, aunque lo mío siempre ha sido la música, el cine también ha estado muy presente en mi vida. De pequeño me encantaba improvisar música tonal con el piano e imaginarme las escenas que pegarían con esa música… Así empezó todo. 

Mientras me cuenta esto, se ríe con la mirada del que piensa: ¡yo qué sé… Yo tampoco sé cómo de ahí he llegado a donde estoy hoy!

¿Cuánto hay de legado en tu vocación musical?

Hay mucho de legado en esto. Aunque mi padre es médico, siempre ha tocado muy bien el piano, y tanto él como mi madre me han fomentado desde niño esa faceta musical. Los veranos para mí se repartían entre Jávea y algún campamento musical. Ahora lo agradezco muchísimo. Por parte de madre también tengo primos bailarines. Y luego mi abuelo, que fundó Hispavista en el 53. La verdad es que en casa nos gusta la música, aunque también tenemos hosteleros, como mi hermano, que ha montado en Madrid el restaurante 80 Grados. Hay de todo, pero también hay mucho legado musical, claro. 

Con 32 años ya tienes una carrera musical de vértigo a tus espaldas. La juventud ¿ayuda o perjudica a la hora de crear una marca personal?

Al principio perjudica, porque no te toman en serio. Te ven con cara de joven y desconfían, y eso a veces te puede cerrar alguna puerta. Pero al final lo que vale es hacer bien tu trabajo, no la edad que tengas. A fin de cuentas, lo que importa es el trabajo, y si lo haces bien, pues adelante, tengas la edad que tengas. 

¿Cómo consigue un español hacerse un hueco en Hollywood?

No fue fácil el camino, porque cuando llegué a Estados Unidos no conocía a nadie, salvo a un primo mío que vivía en Boston y que ahora es primer bailarín del Ballet de allí. Pero esa es otra historia... El primer paso fue conseguir la beca del Berklee College of Music e irme a estudiar a Boston. Eso me abrió algunas puertas, y sigo recordándolo con mucho cariño. Ahora voy de vez en cuando por allí, a dar conferencias y charlas motivacionales sobre música, y me encanta hacerlo. De Boston me fuí a Nueva York, y ya en Nueva York, yo y mis socios empezamos a hacer cosas para pelis pequeñitas e independientes, de las que iban saliendo algunos contactos y… en fin... Mucha tarea de búsqueda y llamar a muchas puertas. Y cuando empezaron a abrirse algunas, decidimos venirnos a Los Ángeles. 

¿Deberíamos en España aprender algo del modus operandi Hollywoodiense?

La industria española es buenísima. Funciona por sí sola, y los datos lo avalan, porque cada vez la gente consume más cine español. En ese sentido no hay nada que envidiar ni aprender de aquí. Sin embargo, la industria americana sí que podría mirar un poco a otros sitios, sobre todo en cuanto a la concepción del trabajo. A veces te da la sensación de que aquí viven para trabajar, mientras que en España trabajan para vivir. También te das cuenta de que aquí hay más filtros a la hora de trabajar para una película o para una gran compañía. En España sin embargo es un tú a tú, y eso me encanta, porque se genera una relación mucho más sincera.

¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en la imagen que el cine nos ha vendido de Los Ángeles?

Hay poco de realidad, la verdad. Es una ciudad muy grande con muchos núcleos diferentes, y eso hace que en ocasiones puedas sentirte solo. Todo está muy lejos, y a veces se te hace imposible hasta tomarte algo con amigos. Glamour claro que hay, pero no tanto como se ve en las películas. 

Con tanto trabajo, ¿tienes tiempo para dedicarte a tus creaciones personales?

La verdad es que no. Pero tampoco lo echo de menos, porque yo necesito una motivación profesional para ponerme a componer. Necesito que sea para algo concreto, una película, un tráiler, un concierto, una colaboración con otro artista… Necesito que haya un fin.

¿Cómo decodificas un guión de cine para volverlo a codificar en forma de partitura?

Lo primero que hago es tener todos los pilares fundamentales de la película, como los personajes y las situaciones, y a partir de ahí compongo las melodías. Luego, una vez que el director aprueba ese material y empieza a rodar, probamos las melodías para ver si encajan con lo que se está haciendo en el set y con lo que el director quiere contar. Al final mi trabajo es articular las emociones que el director quiere transmitir en la película y ponerles música. A veces incluso se utiliza nuestro trabajo para compensar algún error de guión o de interpretación. Por eso es un trabajo que está íntimamente relacionado con el cine. No es sólo componer música, también hay que saber contar historias.

Este año te has coronado en los Goya… Dos de dos (uno por la banda sonora de la película Nadie Quiere la Noche, de Isabel Coixet, y otro por Palmeras en la Nieve, de Fernando González Molina). ¿Qué tal fue la celebración en el mítico club Toni 2?

La celebración fue genial. El Toni 2 en la calle Almirante de Madrid es un sitio mítico, y allí me siento como en casa. Me tratan estupendamente. Pero la verdad es que de ese día en concreto recuerdo poco (risas). Recuerdo que el Goya estaba encima del piano, y la gente que pasaba por delante lo cogía y se hacía fotos con él. Menos mal que mi hermano estaba pendiente de que no se perdiera. 

Vuelve a poner la misma cara de antes, la de: ¡yo que sé… Me estoy haciendo un nombre en esto de la música, pero también me gusta pasarlo bien y desmadrarme un poco!

Nos gusta tenerte por España, donde además te hemos visto haciendo ruido (no en sentido literal, claro) en el Teatro Real y en la Zarzuela dirigiendo el concierto homenaje al también compositor de cine John Williams. ¿Se trabaja mejor en casa?

Se trabaja de maravilla. Además dirigir en directo es una cosa que me divierte mucho. Pero estar en España me encanta: me encanta el cine español, la gente española, el jamón, el humor… Aunque es verdad que trabajo de diferente manera. Aquí en Los Ángeles al final estoy más centrado, porque mi vida aquí es eso, el trabajo, y aquí puedo dedicarle muchas horas. Cuando voy a España es otra cosa. Estoy más tranquilo y disfruto de mis amigos, de mi familia, de mi ciudad... 

¿De qué proyecto te sientes más orgulloso?

La verdad es que la colaboración con Isabel Coixet ha sido maravillosa. Isabel es una persona interesantísima, y he aprendido mucho de ella. 

¿Si pudieras elegir, en qué proyecto te gustaría verte involucrado?

Me encantaría trabajar con Lars von Trier, y también estoy deseando colaborar con más músicos de pop y otros géneros.  

¿Qué fuentes de inspiración utilizas para crear tu música?

Tener ordenada mi mesa y echarle horas al trabajo son mi inspiración (risas). Si te soy sincero, no tengo tiempo para no estar inspirado. Tengo que estar constantemente produciendo, y aunque suene a broma no me puedo permitir el lujo de estar buscando la inspiración. 

¿Cuáles son tus referentes musicales? 

Como compositores me gustan mucho Alexandre Desplat, Alberto Iglesias, John Williams y Morricone. Al margen de la música de cine, escucho mucha clásica como Bach y Chaikovski, pero también me gustan corrientes más actuales, como la electrónica, el Deep House, el Hard Core o la banda Muse, que me encanta.

¿En qué andas metido ahora?

Acabo de terminar una peli muy bonita con Mateo Gil, y ahora estoy haciendo un ballet para Boston que se estrena en abril. También estoy metido en dos proyectos muy ilusionantes de los que no te puedo hablar más (risas). La verdad es que tengo mucha suerte… Estoy ocupado hasta el año que viene, y eso me motiva muchísimo, aunque también me estresa a veces.