STEPHANE ROLLAND Y ELIE SAAB: LOS NUEVOS CLÁSICOS DE LA ALTA COSTURA.

Texto: Titina Penzini.


París siempre sorprende por su rigor a la hora de mostrar sus desfiles, sobretodo cuando se trata de desplegar el poderío de sus ateliers de Alta Costura. En este caso, Stephane Rolland, uno de mis diseñadores predilectos, se decidió por una puesta en escena con el espíritu de los desfiles tradicionales de las Maisons de Couture, en los que cada modelo llevaba en su mano el número correspondiente al traje y, a su vez, cada silueta era descrita por una voz en off a la audiencia. La colección fue totalmente contemporánea, y estuvo compuesta por 17 looks con los que Rolland, el “escultor de la moda”, supo sorprender a su audiencia. 

Durante todo el desfile pudimos ver volúmenes exagerados, largos vestidos estilo túnica muy modernos, jumpsuits con amplias mangas y capas de una delicada fluidez y faldas estilo cascada combinadas con blusas de una seda impecable. En cuanto a los materiales, Rolland utilizó sus favoritos, aquellos con los que le gusta esculpir la figura femenina: crêpes, fallas y organzas de seda, metales platino, cristales, plumas de avestruz y silicona. Su gama de color, sin embargo, fue más estricta, ya que para esta ocasión no se salió del negro, el rojo, el nude y el blanco óptico.

También en París tuvimos la ocasión de hacer un viaje mental a la India gracias a Elie Saab, quien, para su colección Primavera/Verano 2016, se inspiró en los tiempos Eduardianos, época en la que los ingleses comienzan a viajar a la India despojándose de los tabúes y restricciones victorianas y apropiándose de los nuevos códigos, de la opulencia y del exotismo que caracteriza al país asiático.

El resultado de esta colección son patrones y cortes de delicados encajes y bordados con motivos arquitectónicos, así como jazmines, palmeras y buganvillas. Los tonos exquisitos de la delicada gama fueron el rosa, el tundra, el azul y el arcilla. Para los cuellos, el estilo que primó fue el nehru, y en cuanto a los vestidos, las capas bordadas delicadísimas o los trajes largos con saris opulentos fueron elementos clave dentro de una colección en la que Saab, una vez más, quiso dirigirse a una audiencia cada vez más joven.