HOTELES ALOJAMIENTO. UN OASIS DE TENTACIONES.

Texto: Vilma Ortiz.

Los hoteles por horas forman parte de la cultura del amor de Buenos Aires. Coquetos y sobrios, son como un oasis de tentaciones. Hotel alojamiento, albergue transitorio, mueblé, telo… son sólo sinónimos que definen a los famosos hoteles por horas que existen en Buenos Aires. Los hay en todo el mundo, pero aquí son parte del paisaje, un antiguo hábito que discurre entre la necesidad y la fantasía. Bautizados “templos del amor” por la psicoanalista Any Krieger, han sobrevivido a través de los años y transmutado con el paso del tiempo, pero continúan conservando su característica de oasis en el que aislarse de miradas y oídos indiscretos.

Juan Pablo Casas, autor de Telos, un Mapa de la Sexualidad Porteña, explica en su libro que a mediados de los años 30 existían en la ciudad treinta y dos “posadas surgidas por urgencia y necesidad”. Durante las dos décadas siguientes se consolidaron y acabaron institucionalizándose a partir de 1960, cuando pasaron a ser reglamentados por ordenanza adoptando el nombre de hotel alojamiento o telo. Eran los años en que el mundo entero experimentaba la gran revolución sexual, el entretenido deporte que no exige riguroso entrenamiento se practicaba de un modo más abierto y espontáneo. En 1964, Buenos Aires contaba ya con sesenta y dos albergues transitorios donde ejercitar el amor, y aquello acababa de comenzar.

Pero los vaivenes políticos, sociales e ideológicos del país provocaron que ciertos sectores conservadores les dieran categoría de inmorales, asociándolos con una imagen de indecencia y degeneración sexual. Entre 1930 y 1983 una sucesión de gobiernos autoritarios y represivos instauraron un orden severo, estricto e implacable y, como respuesta, los telos se convirtieron en atalayas pacíficas, espacios de libertad social y cultural donde jugar a no pensar, simplemente estar a gustito.

El tiempo pasaba y las modas afectaban también a estos establecimientos que iban aumentando en cantidad y calidad. Los hubo absolutamente básicos, kitchs, confortables, modernos y sobrios, como los actuales. Cómo olvidar la época de furor de las habitaciones temáticas: el iglú, la casita de tus sueños, la cabaña del bosque, la habitación interplanetaria, todo era posible y la imaginación de sus dueños y de los decoradores era desbordante y traviesa. Todo con profusión de espejos, muchos espejos.

Hoy hay psicoanalistas -no podían faltar- que alientan a sus pacientes con muchos años de matrimonio a acudir a estos hoteles como alternativa estimulante y sensual. El argumento se basa en que cuando existe una pérdida del deseo y entra en escena la consabida y demoledora rutina,  o incluso el mero hecho de tener niños en casa, esta posibilidad resulta excelente para poder recuperar la sensación de intimidad y una fuerte dosis inspiradora. Por otro lado, los jóvenes han cambiado el modo de vivir su sexualidad, todo es más abierto y democrático, ya no hay que esconderse y ven a los hoteles alojamiento como otra opción para sus encuentros. Para ellos son como centros de placer sexual. Y no olvidemos que los telos son tradicionalmente sitios de encuentros furtivos con el añadido de la magia -o morbo- de lo clandestino: un disparador de la pasión.

Actualmente el concepto de telo ha evolucionado hasta tal punto que cuesta distinguir un hotel tradicional de uno transitorio. Ahora los empresarios del sector apuestan por el lujo y la sobriedad, privando la estética, la decoración cuidada y la privacidad, ofreciendo una excelente gastronomía y pensando mucho más en la mujer que en el varón. Amigos, los tiempos han cambiado, y tanto.

Entre los top ten de telos modernos, cómodos y confortables, encontramos el General Paz Hotel, el Jardines de Babilonia y el Dissors, tres establecimientos de 5 estrellas con habitaciones y suites que incluyen hidromasaje; ducha escocesa; mini-bar; chimenea; jardines, terrazas y parking privados; lo último en tecnología y un excelente servicio gourmet. Dependiendo del establecimiento y día de la semana los “turnos” son de 2 a 4 horas, aunque también existe la posibilidad de pernoctar, y los precios rondan los 140 dólares el turno.