TIEMPO DE DISEÑO. HABLAMOS CON LORENZO CASTILLO

Texto: María Estrada.

Las boutiques de Loewe, los hoteles de la cadena Room Mate Hotels, museos, restaurantes, viviendas… Todo lo que toca Lorenzo Castillo se convierte en oro gracias a su elegancia y su calidez a la hora de diseñar espacios. 

Anticuario de vocación, el diseñador e interiorista Lorenzo Castillo es uno de los más grandes representantes del gremio dentro y fuera de nuestras fronteras. Transformar interiores en espacios vivibles es, según él mismo cuenta, su dedicación, y esto precisamente es lo que hace desde que empezara en la ardua tarea del interiorismo con apenas 18 años. 

Diseñar espacios para vivir es más complejo de lo que parece. ¿Cómo transformas unos metros cuadrados en el hogar de alguien?

Lo primero es tener en cuenta la realidad de la gente que va a vivir ese espacio y sus necesidades: hacer una casa a medida y adecuada a su tipo de vida. No es lo mismo un apartamento para un soltero con una intensa vida social, que en la misma casa distribuir el espacio para una familia con niños y servicio. Las casas tienen que ser cómodas y vivibles, y luego entra la estética.

Imagino que tiene que forjarse una relación muy estrecha entre el cliente y tú. ¿Cómo se consigue esa empatía?

Efectivamente, según lo que te comentaba antes, cada casa se hace a medida, y por eso lo primero es conocer muy bien al cliente, su realidad, su tipo de vida, sus gustos y sus fobias. Se crea una relación muy estrecha que además es muy larga en el tiempo.

¿Qué es más fácil, trabajar para alguien con una idea muy clara o hacerlo para una familia sin un gusto definido?

No hay que confundir que cuando un cliente te llama es porque te quieren de diseñador, no de constructor. Confían en ti como profesional y quieren tu estética. Por lo cual tú haces lo que sabes que es mejor para ellos, y lo más difícil cuando el cliente no tiene las cosas muy claras, es hacerle comprender qué es lo mejor para él. Por eso lo mejor es tener clientes con las ideas claras, pero no sobre estilos, sino sobre delegar, que no siempre es fácil.

Es difícil abstraerse del gusto de uno mismo. ¿Qué tiene más peso a la hora de diseñar un proyecto, tus nociones de la elegancia o las exigencias del cliente?

Un proyecto es como un traje de alta costura de Balenciaga: tú conoces el físico del cliente y le haces un vestido a medida para ocultar sus fallos y ensalzar sus virtudes. Con el diseño de una casa sucede lo mismo. Es un trabajo creativo en el que el diseñador debe hacer su trabajo según las medidas -necesidades en este caso- que tenga cada cliente.

Unas preguntas rápidas sobre lo que te inspira: 

Un siglo: el XVI y XVII español, Siglo de Oro.

Un artista: Velázquez.

Un país: España.

¿Cuáles son los errores más comunes que los particulares cometemos a la hora de decorar nuestra casa?

El error más común es no conocerse. Por seguir con el paralelismo de la ropa, es como cuando compramos unos jeans y nos empeñamos en llevarlos pese a que no sea lo que mejor nos sienta. La casa de cada uno tiene que reflejar su personalidad, sus gustos y aficiones, su modo de vida… Quizás lo más común sean las casas museo, aquellas que apenas se usan y sirven sólo como reflejo de un estatus socioeconómico. Aunque yo haga casas de un alto nivel, lo que yo llamo Alta Decoración, siempre tengo muy en cuenta que son casas para ser vividas y compartir con familia, amigos...

Existe una tendencia en decoración por la que los hogares son transformados en oficinas blancas, frías y sin esencia. ¿Cómo combates esta corriente?

Yo creo que esa tendencia, que viene del estilo minimalista de los 90, el famoso white cube, está totalmente obsoleta. Hay gente que se empeña en vivir así, lo encuentran moderno e incluso juvenil. Yo creo, es un modo de decorar vacío, y sin ningún interés en la actualidad.

Tus trabajos han llegado a lugares como Shanghai, Nueva York, Londres… ¿Podemos decir que eres uno de los embajadores del estilo español en el resto del mundo?

Siempre he pensado que igual que han hecho otros países europeos como Francia, Inglaterra, Suecia o Italia, con estilos propios que han sabido exportarlos, a España le faltaba dar a conocer un estilo propio, con gran peso y fuerza, que tiene sus raíces en su importante pasado histórico y artístico. Aunque ha estado muy de moda en ciertos momentos, como a principios del siglo XX en California y Florida, o en los 30 y 40, con las casas de Chanel y Balenciaga, por desgracia siempre ha sido un estilo muy minoritario.

¿En qué momento se encuentra el diseño nacional?

Creo que el estilo español encaja perfectamente con una estética moderna y con la sensibilidad contemporánea de la Alta Decoración, y tiene un gran futuro. Podríamos decir que está en su mejor momento y en el más internacional.

Es difícil elegir al favorito de entre tus hijos, pero te pongo en un brete y te pregunto por el proyecto del que más orgulloso te sientes.

Es complicado, ya que la mayoría de mis proyectos son para clientes particulares de los cuales no puedo hablar. Pero este año he terminado mi propia casa de verano en Asturias y estoy feliz con el resultado. He logrado juntar todas mis obsesiones estéticas en un mismo proyecto sin límites de ningún tipo.

¿Qué tienes entre manos para el futuro?

El futuro es el diseño. Seguir trabajando con Gastón y Daniela, que han creado mi propia marca dentro de la casa, con colecciones de telas y papeles anuales, y las colecciones de alfombras para The Rug Company, que también son increíbles.