VIAJE IMPROVISADO AL MACHU PICCHU

Texto y fotos: María Gracia Subercaseaux · www.subercaseaux.com.

Como muchas cosas en la vida, los viajes improvisados son sin duda los más excitantes. 

Y así, improvisado, fue mi viaje al Machu Picchu, Perú. El viaje nació espontáneamente en una comida después de varias copas de vino. Unos familiares tenían ya los billetes para visitar la cima del Machu Picchu, y yo, sin dudarlo, decidí sumarme a la aventura.

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Nuestro viaje duró 5 días, pero mi recomendación es tomarse al menos una semana para poder disfrutarlo con calma. El final del viaje era por supuesto el Machu Picchu, pero hasta llegar a él fuimos descubriendo lugares increíbles. Cuzco es una de las ciudades más fascinantes y bellas que he conocido. Jamás olvidaré esos cielos con nubes gruesas y perfectamente dibujadas, el sol intenso y en minutos la oscuridad, la lluvia torrencial.

En Cuzco no se pueden dejar de visitar la Catedral, una auténtica maravilla, la Iglesia de la Compañía de Jesús, la Plaza y sus alrededores, la Iglesia de San Blas y su Púlpito, el Museo Inca, el Museo de Arte Precolombino, Coricancha y sus deliciosos restaurantes como Cicciolina, mi favorito.

Para alojarse mi recomendación es el Hotel Monasterio. Esta joya arquitectónica fue construida en 1592 sobre lo que en la época Inca fue el Palacio del Inca Amaru Qhala. El Hotel es patrimonio nacional, y está protegido por el INC (Instituto Nacional de Cultura) institución que vela porque la construcción guarde las características y el encanto de sus orígenes.

Los alrededores de Cuzco son también fascinantes, pero a menudo la comunicación por carretera no es tan sencilla. Por eso, mi consejo es dejarse guiar, y la persona idónea con la que conocer estos lugares es Edwin Quispe Camacho (toursmeyur@hotmail.com, 974241226 y 084974259283), encantador, barato y cómodo. 

Una de mis propuestas para estas escapadas es Pisac, en el que visitar el mercado de los domingos. Otra opción es ir a pasar el día al Valle de los Reyes, a Ollantaytambo, donde disfrutar de la feria que hay a sus pies.

Y de Ollantaytambo a Machu Picchu. Última parada. Subir a lo alto del Machu Picchu es sin duda una de esas experiencias que le dejan a uno mudo durante varios segundos. No en vano es una de las siete maravillas del mundo moderno, ya que su belleza natural es ciertamente escalofriante. El antiguo poblado construido a mediados del siglo XV sigue, según dicen, igual que se concibió en su momento, y desde luego, cuando se observa la insignificancia humana desde ahí arriba, parece que no hubiera pasado el tiempo.

Reportaje disponible en nuestro N_1 Limited Gold Edition.