LORENZO CAPRILE. PROFESIONALIDAD, HUMILDAD Y VERSATILIDAD

Texto: María Estrada · Fotos: Leticia Campos · www.lorenzocaprile.es.

No le gusta que le llamen diseñador, ya que su verdadero oficio es el de modista. Bajo este título, el de modista, Lorenzo Caprile ha conquistado al público nacional con sus diseños personalizados para cada mujer. Su modestia no le deja decantarse por una clienta predilecta, pero lo cierto es que su taller ha sido y es un auténtico desfile de celebridades que acuden a Lorenzo para hacer realidad el vestido de sus sueños. En su último libro De qué Hablamos Cuando hablamos de estilo, Caprile desvela las claves prácticas que todo el mundo necesita para conseguir su propio estilo, y lo hace a través de su experiencia a lo largo de su larga trayectoria profesional en el mundo de la moda. 

Lo primero de todo Lorenzo, ¿de qué hablamos cuando hablamos de estilo?

Para adivinarlo hay que leer el libro. No puedo desvelar la clave de la novela antes de tiempo. Lo que sí puedo decir es que es un texto muy útil para un estudiante de moda o alguien que se preocupa por su aspecto personal. Es un texto muy didáctico, muy práctico y con muchos consejos al alcance de todos. 

Si tuvieras que definir con tres palabras tus diseños, ¿cuáles serían?

Yo cito siempre a Pinto Coelho, que era uno de los grandes decoradores de nuestro país. Él decía que los que trabajamos por encargo no podemos tener estilo. Nuestro estilo es adaptarnos a lo que nos pide la persona que nos paga. 

Si tuviera que elegir tres palabras serían profesionalidad, humildad y versatilidad para adaptar tu oficio, tu buen gusto y tu criterio personal  al de cada cliente. También hay que saber interpretar y saber conducir a las personas que te hacen los encargos hacia lo que ellos quieren ver. Si yo tuviera un taller de prêt-à-porter tendría que tener un estilo reconocible, pero en mi caso el estilo de mis diseños es no tener estilo.

¿A quién te gustaría ver posando con uno de tus diseños?

No soy nada mitómano para eso. Me gustaría ver a la siguiente cliente que entre por la puerta. Cualquiera es bienvenido a mi taller.

Has estado mucho tiempo formándote fuera de España. ¿Qué trajiste a la moda Española de tu etapa en Italia y en EEUU?

De EEUU traje la eficacia y la profesionalidad, porque en ese sentido son implacables, y de Italia ese refinamiento intangible que no se puede explicar muy bien con palabras. En ese sentido juego con ventaja, ya que mi familia es italiana 100% y tienen ese ojo especial para detectar la belleza. 

¿Cómo juzgas el panorama actual español en términos de moda?

La moda goza de una salud excelente si entendemos como moda todo el espectro de lo que es moda, o al menos como lo entiendo yo, que es aquello que usan las personas para vestirse todos los días. Eso engloba todo, desde mi taller hasta lo que la gente se compra en los chinos por un euro. Por eso en ese sentido la salud de la moda española es excelente, para empezar porque un grupo español ha cambiado las reglas del juego, y ese es claro, Inditex. 

Si como moda se entiende la moda de autor, aquella que está firmada, en España estamos cojos, porque ninguno de nosotros -y me incluyo- es conocido internacionalmente, pero incluso muchos no hemos cruzado Navacerrada más allá del ambiente endogámico de las pasarelas. Es una pena pero muchas veces el público nacional ni nos conoce. Ya si hablamos del panorama internacional ni te cuento.  

Una película para el recuerdo.

La mayoría de las que me acuerdo son aquellas que me han emocionado por el vestuario. Te diría cualquiera de las que ha firmado y vestido mi amiga, maestra y musa Sandy Powell, que acaba de estrenar ahora Cenicienta para Disney. Otra película maravillosa es La Edad de la Inocencia de mi amigo Albert Wolsky -también del gremio- me encantó Bugsy, que se llevó un Oscar en el año 91. 

Una obra de arte inspiradora.

Muchas. La verdad es que me es difícil elegir porque cada año me inspira un periodo concreto de la historia del arte. De pequeño estuve una época muy obsesionado con las meninas y las infantas de Velázquez. Los retratos de Mariana de Austria, de María Teresa, de Margarita… Hubo una época de mi infancia que estuve muy obsesionado con esa silueta, y conservo muchos dibujos de entonces. 

Si pudieras tomarte un café con un predecesor tuyo, ¿quién sería?

Seguramente con Charles James y con Chanel. El estilo de cada uno está en las antípodas, que es donde me muevo yo. Por un lado está el sentido común y la racionalidad de Chanel, y por otro la fantasía desbordante, los volúmenes imposibles y las maravillas de Charles James. El punto medio entre uno y otro es un equilibrio un poco complicado, pero es muy bonito buscar ese equilibrio, es lo que te mantiene vivo. 

¿Cuál ha sido tu mejor momento trabajando como figurinista?

Todos los momentos han sido bonitos, de todas las obras se aprende algo y son una experiencia maravillosa. Aunque el que recuerdo con más cariño es en el que debuté, Don Gil de las calzas verdes en el Festival de Almagro de 2006, dirigido por Eduardo Vasco para la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Esta obra fue especialmente emotiva para mí porque este otoño falleció mi padre y esa fue la única experiencia mía como figurinista que pudo ver mi padre. Vio eso y vio que yo había alcanzado un objetivo y un sueño, y después de verlo se quedó tranquilo.

Concluido el proyecto de tu nuevo libro, ¿en qué aventuras te veremos próximamente?

Sobre todo este año en muchas aventuras de figurinismo. Se acaba de estrenar El Mercader de Venecia, de Eduardo Vasco; un montaje espectacular. Ahora estoy montando también con Eduardo, Hedda Gabler de Henrik Ibsen, protagonizada por Cayetana Guillén Cuervo que hace un papel precioso. También tengo entre manos una ópera para Bilbao, Otello de Verdi, un espectáculo flamenco del que todavía puedo hablar poco y seguramente una obra para el Festival de Mérida. Así que ya ves, el figurinismo es lo que me va a tener entretenido al menos esta temporada que viene ahora.