LAS BONDADES DE INVERTIR EN COSAS BELLAS

Texto: Paula Quinteros · Fotos: www.sothebys.com.

Cuando sea grande quiero ser Andrés White Correal. Si no fuera porque nos separan algunos años y porque ya no me daría tiempo a aprender los siete idiomas que él domina, me apresuraría para poder ocupar su puesto y presenciar la historia del poder y las glorias a través de los mágicos cristales e impecables cortes de joyas que hacen brillar toda década pasada, cada vez con más fuerza.

White es el Director Internacional de Joyas para Sotheby’s, y como especialista en joyas, puede sostener en sus manos, por ejemplo, un diamante que encierra más de 400 años de historia, como es el caso del “Beau Sancy”, el diamante que adornó la corona de María de Medici el día en que se convirtió en reina de Francia, en 1610.  Este diamante fue subastado en 2012 por esta reconocida casa por 2,9 millones de dólares, gracias a la siempre impecable labor de David Bennett o “the 100-carat man” y Daniela Mascetti.

Piedras preciosas y metales nobles han adornado las casas y los cuerpos de quienes han dominado el mundo. Pero, ¿son las joyas y las piedras preciosas una buena inversión? Pues todo indica que sí. La primera razón es puramente práctica: su portabilidad ¡En caso de emergencia muchas caben en un bolsillo! Además, hay datos de tendencias históricas que demuestran que las buenas joyas no pierden su valor, y que en la mayoría de los casos, se revalorizan con el tiempo. Ni en la crisis de 2008 los índices para este rubro cayeron.

Los últimos meses han sido sin duda fascinantes para el mundo de las joyas. Un diamante de casi 199 quilates y color perfecto (D), ha sido subastado por 27,348 millones de dólares. También el collar Hutton-Mdivanise subastó recientemente alcanzando la cifra de 27,440 millones de dólares. Esta joya realizada por Cartier y compuesta por 27 piedras de jade, fue un regalo del padre de Barbara Hutton a la rica heredera con motivo de su primera boda con el aristócrata georgiano Alexis Mdivani. 

Según cuenta Andrés White Correal -quien celebró las dos subastas-, los factores para que una pieza alcance un precio excepcional son: que la joya sea utilizable, que el valor intrínseco de la pieza (talla, calidad y rareza) sea supremo, y que la procedencia e historia de la joya tenga un camino que contar, ya que el trazado de los paraderos de las piezas tienen un papel importante en los precios, aun siendo historias trágicas como el caso del collar de jade que precedió a 6 matrimonios fracasados. Los mejores ejemplos de valor agregado pueden ser las colecciones de la Duquesa de Windsor, la de María Callas y, como no, la de Jackie Kennedy.

En un mundo cambiante pareciera que los brillos de la historia, consagrados en adornos de valor estético, histórico y calculable, son inversiones seguras, y sin duda mucho más apetecibles que la compra de acciones en el fluctuante mercado financiero.